La violencia como medio de resolución de problemas sociales
Si la sociedad sufre de problemas profundos de equidad, hay que resolverlos enseguida. Si la sociedad presenta desempleo, hay que reactivar la economía. Si la sociedad presenta grandes brechas en la educación, el entrenamiento y la creación de destrezas en amplios sectores de los costarricenses, deben ser atendidos con absoluta urgencia y prioridad.
Nunca debe dejarse que la violencia estalle por
problemas conocidos por los gobernantes y que no han sido atendidos
debidamente. Es inexcusable que los problemas se conozcan, pero se pospongan en
su solución y que los distractores sociales se usen para desviar la atención de
las dificultades y carencias para no enfrentarlos. Esperar a que la violencia
estalle es absolutamente inexcusable.
La violencia y la muerte, así como la
destrucción y el saqueo no construyen. No es posible alcanzar el desarrollo
mediante bombas incendiarias. Jamás hiriendo policías en las calles o saqueando
supermercados se mejoraron las condiciones de un país.
Explotar de manera inmisericorde a los
trabajadores genera impotencia en ellos y desata la violencia en las
sociedades. No es posible que el fruto del trabajo de una sociedad se
distribuya siempre de manera desigual e injusta y que las autoridades se
sorprendan de brotes de violencia en Ecuador, Venezuela, Chile, Argentina y
otros países de Latinoamérica.
El respeto entre las partes es la paz social. El
progreso y el desarrollo de todos es la paz. El estudio y el trabajo son la
paz. La vivienda digna es la paz. La erradicación del narcotráfico es la paz.
La comprensión de la naturaleza complementaria de la empresa privada y el
estado es el progreso, como también lo es la complementariedad del empresario
con sus trabajadores.
Partidos políticos y líderes de la clase política que no comprendan estas puntuales verdades de perogrullo no viven en este planeta. Partidos políticos que pasen en la discutidera sin propuesta, sin planes para atacar los problemas sociales básicos de las comunidades no son partidos políticos, son payasos.
Políticos que usufructúen de grandes salarios y lujosas condiciones en sus puestos de elección popular están desconectados de la realidad presente en América Latina.
Mirémonos los costarricenses en todos esos
políticos y en todos esos problemas y, a su vez, en la reacción de violencia y
en la senda de estado fallido que transitaron varios países hermanos. Quizás
todavía podamos enderezar el rumbo del país.
Pensemos siempre en Costa Rica, en el nosotros,
no en el yo. Pensemos en la Patria, que siempre
debe ser primero.
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