Costa Rica no puede detenerse por cálculos electorales

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Costa Rica no puede detenerse por cálculos electorales
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Costa Rica ya está inmerso en un nuevo proceso electoral, y con él, el riesgo de que el país quede atrapado en una espiral de populismo, ataques personales y promesas vacías. Las elecciones del 2026 no pueden convertirse en un espectáculo de manipulación mediática ni en una contienda donde el objetivo sea alcanzar el poder a cualquier costo. Los costarricenses merecen una campaña de altura, en la cual prevalezcan las ideas, planes concretos y el compromiso real por el bien común.

Los aspirantes a la presidencia y a otros cargos públicos deben comprender que el liderazgo no se mide por la habilidad para destruir al adversario, sino por la capacidad de construir propuestas serias y viables.

Pero, no solo los políticos tienen una responsabilidad en este proceso. Los medios de comunicación -pilares fundamentales de la democracia- deben asumir con seriedad su deber de informar con ética, sin convertirse en actores de la contienda ni en instrumentos de manipulación. La cobertura electoral no debe reducirse a titulares escandalosos, encuestas superficiales o a la amplificación de la polarización. La prensa debe elevar el nivel del debate, cuestionar con rigor y exigir a los candidatos respuestas claras sobre los problemas que realmente afectan a la ciudadanía.

A la ciudadanía le corresponde meditar y exigir propuestas viables a los diferentes candidatos que exponen su nombre para ser considerado en las urnas. No se puede permitir que el debate público sea secuestrado por la inmediatez de las redes sociales, las campañas de desinformación y la estrategia de la confrontación constante.

Más allá del ruido electoral, el país debe avanzar. Costa Rica no puede paralizarse por cálculos políticos. Las decisiones que se tomen en la Asamblea Legislativa, en el Poder Judicial y en el Poder Ejecutivo deben responder a las necesidades de la nación, no a estrategias electorales. La gobernabilidad no puede ser rehén de intereses partidistas.

Quienes ostentan cargos públicos deben recordar que su deber es con el país, no con el resultado electoral. Bloquear reformas urgentes, inflar presupuestos con fines clientelistas o desestabilizar el país en nombre de la contienda electoral serían actos de traición a nuestro país. La política debe servir a la patria, no servirse de ella.

Este es un llamado a la responsabilidad. A los candidatos, para que eleven el nivel del proceso. A los medios, para que informen con integridad. A los funcionarios, para que gobiernen sin cálculos electorales. Y, a los ciudadanos, para que no se dejen engañar por discursos vacíos. Costa Rica merece un futuro construido con responsabilidad, visión y altura.

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